No hay duda de que nos encontramos al principio de una revolución que está cambiando de manera fundamental la forma de vivir, trabajar y relacionarnos unos con otros. En mi opinión lo que los expertos consideran la cuarta revolución industrial, no se parece a nada que la humanidad haya experimentado antes, en su alcance, escala y sobre todo complejidad. 

Todavía nadie se atreve a dar una estimación certera sobre la velocidad, la amplitud y la complejidad de esta nueva revolución. 

Con respecto a la velocidad al contrario que las anteriores revoluciones industriales, esta está evolucionando a un ritmo exponencial, más que lineal, resultado de un mundo polifacético e interconectado en que vivimos y el hecho de que la nueva tecnología engendra, tecnología más nueva y poderosa. 

Esta revolución digital combina múltiples tecnologías que nos están llevando a un cambio de paradigma sin precedentes en la economía, los negocios, la sociedad y las personas. La amplitud de esta revolución no solo está cambiando el “qué” y el “cómo”, sino el “quienes somos”.

Un impacto poderosísimo que está transformando los sistemas entre y dentro de los países, las empresas, las industrias y la sociedad en su conjunto. 

Consideremos las posibilidades ilimitadas de tener miles de millones de personas conectadas mediante dispositivos móviles, lo que da lugar a un poder de procesamiento, una capacidad de almacenamiento y un acceso al conocimiento sin precedentes. O pensemos en la impresionante confluencia de avances tecnológicos que abarca amplios campos, como la inteligencia artificial (IA), la robótica, el internet de las cosas (IoT), los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de materiales, el almacenamiento de energía y la computación cuántica, por nombrar unos pocos. Algunos dirán que muchas de estas innovaciones están en los albores, pero ya están llegando a un punto de inflexión en su desarrollo que se construyen y amplifican mutuamente en una fusión de tecnologías a través de los mundos físico, digital y biológico. 

Todos estamos siendo testigos de los cambios profundos que ya son evidentes en todas las industrias, marcados por la aparición de nuevos modelos de negocio, la irrupción de nuevos operadores y la remodelación de los sistemas de producción, consumo, transporte y entrega. 

Los cambios son históricos, como antes apuntaba en términos de velocidad, amplitud e impacto. 

Mientras que la profunda incertidumbre que rodea el desarrollo y la adopción de tecnologías emergentes significa que aún no sabemos cómo se desarrollarán las transformaciones impulsadas por esta revolución industrial, su complejidad y la interconexión entre sectores implican que todos los actores de la sociedad global, los gobiernos, las empresas, la academia y la sociedad civil tienen la responsabilidad de trabajar conjuntamente para comprender mejor las tendencias emergentes. 

De la multitud de diversos y fascinantes retos de hoy en día, lo más intenso e importante es cómo entender y dar forma a la nueva revolución tecnológica, que supone nada menos que una transformación de la humanidad. Klaus Schwab

Industria española

Nuestra industria, no puede perder posiciones en esta revolución y debe abordar el reto, aprovechando estas oportunidades, para evolucionar y posicionarse como un sector fuerte, competitivo y de referencia internacional. En esta línea, la Comisión Europea ha fijado como objetivo, en el marco de la política industrial europea, que la contribución de la industria al PIB europeo alcance el 20% en el año 2020. 

En la actualidad, la industria española representa el 13% del valor añadido (industria manufacturera) del país y emplea al 11% de la población ocupada (INE), siendo la principal contribuidora a la balanza comercial positiva.

En consecuencia, es necesario abordar una profunda transformación de nuestra industria, y el motor digital debe ser clave en este sentido. Es lo que se denomina transformación digital. La industria está abocada a esta transformación digital que afectará a todas las empresas y todas tendrán la necesidad de adaptarse a esa transformación, para llegar a un modelo industrial en el que la innovación sea colaborativa, los medios productivos estén conectados, las cadenas de suministro estén integradas, los canales de distribución y atención sean digitales.

La digitalización de la sociedad y de la industria plantea retos y genera oportunidades para el sector industrial, que deberá adaptar sus procesos, productos y modelos de negocio.

La industria española, su importancia estratégica y sus principales características

España, con un PIB de 1,4 millones de millones de dólares 4, es la quinta economía europea (tras Alemania, Francia, Reino Unido e Italia) y la número trece a nivel mundial, con EE.UU. encabezando la lista.        

Sigue una configuración similar el ranking de valor agregado industrial, aunque en este caso enel ranking mundial es China la potencia líder.

Sigue una configuración similar el ranking de valor agregado industrial, aunque en este caso enel ranking mundial es China la potencia líder.

Es indispensable tener en cuenta estas características de la industria española para el diseño de la iniciativa Industria Conectada 4.0.

• La industria española es relevante tanto en el ámbito nacional como en el internacional, por lo que garantizar su competitividad es clave para el futuro de la economía española.

• Existen sectores determinantes que concentran gran parte del VAB y el empleo del país, factor que habrá que tomar en consideración a la hora de implantar una iniciativa de ámbito industrial.

• El tejido empresarial industrial está caracterizado por una mayor presencia de la pyme respecto a otros países, factor que deberá ser tenido en cuenta a la hora de trabajar las iniciativas concretas y de aprovechar, en su caso, entidades que agreguen a varias empresas y/o instituciones, como asociaciones y clústeres.

• Además, se observa que el coste laboral es un factor competitivo importante, pero es necesario identificar y desarrollar unas ventajas competitivas diferenciales basadas en otros elementos. El contexto de globalización, con el auge de países emergentes cuyos costes laborales son menores, obliga a los países más desarrollados a diferenciarse mediante otras palancas. De hecho, ese objetivo ha sido el principal motivo por el que Alemania (el país precursor de la Industria 4.0) ha iniciado este camino con el fin de garantizar el futuro de su industria mediante la innovación, la productividad…

• Otros factores como la posición geográfica de España o sus buenas infraestructuras de transporte son una base sólida para el correcto desarrollo de su industria.

• No obstante, también existen elementos que pueden dificultar la competitividad de España, como: los costes de energía, más elevados que en países vecinos; la formación del capital humano, no totalmente alineada con las necesidades de la industria; la relativamente baja inversión en I+D+i; o la relativa obsolescencia de los medios productivos.

La Industria 4.0: una oportunidad para la industria española

Contar con un sector industrial fuerte es clave para la competitividad de un país. La industria española, aunque tiene un peso relevante y se encuentra en un momento de recuperación económica, ha visto su peso disminuido a lo largo de los últimos años. En este contexto, la Industria 4.0 brinda una oportunidad a la industria española para que sus empresas puedan reforzar su posición competitiva: aquellas que la adopten contarán con una ventaja competitiva frente a las más rezagadas. El coste de oportunidad de la no adopción, por lo tanto, es alto. Los momentos disruptivos como el actual equilibran los retos para todas las empresas, de manera que se igualan también las oportunidades.

Cuando la transformación digital sea una realidad en el panorama español, aquellas compañías que no hayan dado el paso de futuro perderán competitividad porque su competencia habrá avanzado en dicha transformación, lo que probablemente afectará negativamente a su cuota de mercado.

En ocasiones, la digitalización puede ser adoptada con mayor facilidad por las empresas de nueva creación, que no cuentan con restricciones derivadas de activos y modos de hacer preexistentes. Ello puede suponer una ventaja a la hora de implantar la Industria 4.0 respecto a los negocios más tradicionales.

Las empresas pueden asumir los cambios propiciados por la transformación digital de manera continuista, evolucionando sus procesos o productos para aumentar su competitividad, o de manera disruptiva, modificando su manera de competir, con nuevos procesos, productos e incluso modelos de negocio distintos.