Definiendo la Ciudad Inteligente y sus diferentes dimensiones

En el contexto tecnológico de hoy en día, existe un bombardeo constante sobre el término “Ciudades Inteligentes” que llenan los discurso de políticos, los catálogos de soluciones y las páginas de información, y que en muchos casos es utilizado de manera poco coherente para el desarrollo de iniciativas carentes de fondo, ya que en definitiva ¿qué ciudad no quiere ser calificada como inteligente?

La amplia difusión del término está directamente relacionada con la importancia cada vez mayor de las ciudades y su papel fundamental para lograr tener un futuro más sostenible y responsable. El 2008 fue el primer año en el que más del 50% de la población mundial vivía en zonas urbanas, mientras que en Europa, ya el 75% de la población vive en ciudades y se espera que esta cifra alcance el 80% a finales de 2020. La importancia de las zonas urbanas como fenómeno mundial se ve reforzada por el cada vez mayor número de megalópolis de más de 20 millones de personas en Asia, América Latina y África. Todo esto supone que la mayoría de recursos se consumen en las ciudades de todo el mundo, lo que contribuye a su importancia económica, pero también a la generación de grandes problemas y retos medioambientales, haciéndolas responsables de una gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ante esto, está claro que se necesitan nuevas formas de gestionar estos desafíos y por ello ciudades de todo el mundo han comenzado a buscar soluciones con la ayuda de las nuevas tecnologías y la puesta en marcha de proyectos innovadores que les permitan garantizar un futuro más responsable y sostenible para ellas (1).

El término “Ciudad Inteligente” surge por tanto en parte para hacer frente a los problemas derivados de esta imparable tendencia a la urbanización, y el desplazamiento masivo de la población de las zonas rurales a las urbanas. Sin embargo, a medida que el término gana cada vez más aceptación, existe realmente una gran confusión sobre lo que este implica, especialmente porque varios términos similares se utilizan a menudo de manera intercambiable, no identificando un programa de acción claramente articulado, coherente e integrado.

A continuación, vamos a arrojar un poco de luz sobre cómo ha surgido el término, las diferentes dimensiones de las ciudades inteligentes, cómo actualmente se están categorizando y haciendo los rankings de smart cities, para finalmente mostrar un estudio reciente, realizado por un equipo internacional de investigadores de la Univerisidad Estatal de Pensilvania, donde se clasificaba en cuatro modelos los tipos de ciudades inteligentes que actualmente se están implementando en todo el mundo.

“A medida que el término Ciudad Inteligente gana cada vez más aceptación, existe realmente una gran confusión sobre lo que este implica”

¿Qué es una ciudad inteligente?

No existe una definición única y ampliamente aceptada de lo que es una “Ciudad Inteligente”, ni un marco general común que las englobe. Este concepto se utiliza para identificar un amplio espectro de soluciones y programas en diferentes ciudades, que implican distintos tipos de tecnologías y con objetivos muy diversos, y que en muchos casos no están definidos.

El término “Ciudad Inteligente” es de cosecha relativamente reciente. Se utilizó por primera vez en la década de los noventa. En ese momento, la atención se centraba en la importancia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en relación con las infraestructuras modernas dentro de las ciudades. El California Institute for Smart Communities fue uno de los primeros en centrarse en la forma en que las comunidades podrían llegar a ser inteligentes y en cómo se podría diseñar una ciudad para aplicar las tecnologías de la información. Algunos años más tarde, el Center of Governance de la Universidad de Ottawa comenzó a criticar la idea de las ciudades inteligentes por estar demasiado orientada a la técnica (1). Ya en los primeros años del nuevo siglo la etiqueta de “Ciudad Inteligente” se difundió como un fenómeno de “etiquetado urbano”, donde múltiples ciudades se autodeclarada como tal.

Haciendo una revisión de la literatura científica sobre el tema, múltiples términos se asocian con el concepto de “Ciudad Inteligente” dotándolo de diferentes dimensiones y características. En mucho de los casos se tratan de visiones aspiracionales, ya que ningún centro urbano en la actualidad ha desarrollado las capacidades para cumplir los requisitos marcados en las diferentes definiciones. Vamos hacer un recorrido por las diferentes maneras que los investigadores han dado forma al concepto, permitiéndonos comprender la profundidad del término y los amplios aspectos que abarca.

Picon (2015) define una “ciudad inteligente” como una entidad autoconsciente y casi consciente con mecanismos “internalizados” para el aprendizaje, la comprensión y el razonamiento mediante el despliegue ubicuo de sensores, monitores e insumos de datos y las capacidades de procesamiento activo, en tiempo real e inteligente para identificar soluciones (2).

Otros intentos de definir “la inteligencia” no son menos expansivos. Gil-García, Zhang y Puron-CID (2016) , identifican once caracteres estéticos que constituyen la “inteligencia” en la gobernanza: integración, innovación, base empírica, orientación al ciudadano, sostenibilidad, creatividad, eficacia, eficiencia, igualdad, espíritu empresarial, participación ciudadana, apertura, capacidad de recuperación y conocimiento tecnológico. (3)

Nam y Pardo (2010) afirman que una “ciudad inteligente integra tecnologías, sistemas, infraestructuras, servicios y capacidades en una red orgánica los suficientemente compleja como que se desarrollen propiedades emergentes inesperadas”. Según su conceptualización, una ciudad inteligente está constituida para la innovación tanto en las tecnologías como en procesos y políticas organizativas. Identifican tres ámbitos en los que se produce la innovación: la tecnología (infraestructura física, tecnologías inteligentes, etc), los factores institucionales (gobernanza, políticas, reglamentos, etc), y los factores humanos (fuerza de trabajo, capital social, etc.) (4).

En vista de las ambigüedades de las definiciones, se han propuesto diversas técnicas para elaborar una definición consensuada a partir de la literatura científica. Por ejemplo, Chourabi y otros (2012) realizaron un amplio examen bibliográfico e identificaron ocho “factores críticos” para los planes de ciudades inteligentes: gestión y organización, tecnología, gobernanza, contexto normativo, personas y comunidades, economía, infraestructura construida y entorno natural (5).

Harrison y otros (2010), en un documento corporativo de IBM, afirmaron que el término “Ciudad inteligente” denota una “ciudad instrumentada, interconectada e inteligente”. “Instrumentado” en el sentido de la capacidad de capturar e integrar datos en el mundo real en vivo mediante el uso de sensores, medidores, aparatos, dispositivos personales y otros sensores similares. “Interconectado” en relación con la integración de estos datos en una plataforma de computación que permita la comunicación de dicha información entre los diversos servicios de la ciudad. “Inteligente”, referido a la inclusión de servicios complejos de análisis, modelización, optimi- zación y visualización para tomar mejores decisiones operativas (6).

Komninos (2002, 2011), en su intento de delinear las características de una ciudad inteligente indicó que esta tiene cuatro dimensiones posibles. La primera dimensión se refiere a la aplicación de una amplia gama de tecnologías electrónicas y digitales para crear una ciudad cibernética, digital, inalámbrica, informativa o basada en el conocimiento; la segunda es la utilización de la tecnología de la información para transformar la vida y el trabajo; la tercera es integrar las TIC en la infraestructura de la ciudad; la cuarta es reunir las TIC y las personas para potenciar la innovación, el aprendizaje y el conocimiento (7).

Giffinger y otros (2007) identificaron cuatro componentes de una ciudad inteligente: industria, educación, participación e infraestructura técnica. Esta lista se ha ampliado desde entonces y se identifican seis componentes principales (Giffinger y Gudrun, 2010): una economía inteligente, una movilidad inteligente, un medio ambiente inteligente, personas inteligentes, una vida inteligente y una gobernanza inteligente (8).

Finalmente Dameri (2014) analiza la arquitectura de la ciudad inteligente y sugiere cuatro dimensiones de la ciudad inteligente: tierra, es decir, el territorio en el que se construye la ciudad, la zona geográfica en la que la ciudad tiene sus propios límites; las infraestructuras, es decir, todas las instalaciones materiales o tecnológicas que sirven de apoyo a la vida urbana, como edificios públicos y privados, calles, sistemas de transporte, centros de producción y las TIC; las personas, es decir, los ciudadanos que viven en la ciudad, pero que también trabajan o estudian en la ciudad, o vienen a visitarla o a disfrutar de sus instalaciones culturales o de ocio; el gobierno, es decir, los poderes públicos para gobernar la ciudad y los organismos administrativos públicos para gestionar y suministrar servicios públicos (9).

Y así un amplia lista de investigaciones con una gran diversidad de terminología que dibujan diferentes esquemas de categorización pero que, afortunadamente, comparten mucho en común, aunque en algunas ocasiones puedan existir conflictos para términos similares.

“En mucho de los casos se tratan de visiones aspiracionales, ya que ningún centro urbano ha conseguido cumplir todos los aspectos de la definición”

Uno de los principales problemas o conflictos en cuanto a la definición de las ciudades inteligentes es, como vemos, que se aplica a un gran número de dominios que en muchos casos están separados. Así por ejemplo, una gran parte de estos están relacionados con aspectos más técnicos y referidos a las infraestructuras, en los que la tecnología juega un papel fundamental, mientras que otras se relacionan con la educación, cultura, las innovaciones en materia política o la inclusión social donde las tecnologías no suelen ser tan decisivas o no se relacionan de forma tan directa.

Estos ámbitos más técnicos suelen surgir de una visión de arriba hacia abajo, donde se establece una visión estratégica bien definida de ciudad inteligente y los pasos y normas para llevarlas a cabo. Las universidades, las instituciones de investigación y las empresas de alta tecnología son los principales actores de este modelo, ya que son los primeros en desarrollar los conceptos que les permita implementar las soluciones y tecnologías inteligentes que están desarrollando. Esto se traduce una gran cantidad de proyectos, iniciativas y finalmente soluciones y proyectos que con capaces de dar forma a una pequeña porción del ámplio puzzle que es una ciudad inteligente.

Así por ejemplo para las grandes corporaciones y empresas “Tech”, el componente tecnológico es el componente clave de sus conceptos de ciudades inteligentes. El problema en esta visión es que se trata de objetivos genéricos y que en muchos casos no se vinculan a una idea más amplia de ciudad inteligente. Objetivos como la reducción de la contaminación y el tráfico, o la mejora de la eficiencia energética de los edificios, no se refieren a una visión estratégica global de la ciudad, dejando muchas veces de lado las especificidades culturales, geográficas y económicas de cada región urbana y sus propios objetivos particulares.

Este enfoque ha sido criticado recientemente por varios autores como Adam Greenfield, quien argumentan en Against the Smart City (2013) que las ciudades de diseño corporativo como Songdo (Corea), Masdar City (Emiratos Árabes Unidos) o PanIT Valley (Portugal) evitan el conocimiento real de cómo funcionan las ciudades y representan espacios “vacíos” que no tienen en cuenta el valor de la complejidad, los escenarios no planificados y los usos mixtos de los espacios urbanos. Sin embargo, hay autores que han demostrado que la tecnología podría utilizarse en las ciudades para potenciar a los ciudadanos adaptando esas tecnologías a sus necesidades en lugar de adaptar sus vidas a las exigencias tecnológicas (1).

Lo que parece claro es que la ciudad inteligente no es sólo una estrategia basada en las tecnologías, ya que requiere también de la participación profunda de capital humano de la ciudad para producir sus beneficios. Una estrategia de ciudad inteligente puede tener un fuerte impacto en la estructura social y en la calidad de vida de las personas, desarrollando el capital humano mediante la educación, la integración social y la innovación social. Por tanto, uno de los sujetos que tiene que estar en el centro son los ciudadanos.

En definitiva aspectos compartidos como la base tecnológica, el papel de las personas, el objetivo de un crecimiento económico sostenible, la importancia de la preservación del medio ambiente y el objetivo final de ofrecer una mejor calidad de vida pueden constituir la base de lo que se quiere decir cuando hablamos de ciudades inteligentes (9).

Ranking de ciudades inteligentes

Como consecuencia de la extensión del término ciudad inteligente, los rankings sobre las mismas ha experimentado un notable auge donde de manera anual se van galardonando a diferentes ciudades por su iniciativas en el ámbito de las smart cities… ¿pero cómo se elaboran estos rankings? ¿Cuales son los indicadores que utilizan? ¿Son útiles estas listas o son simplemente herramientas de marketing?

Un valor inmediato que se pueden sacar de estos listados es su capacidad como elemento comparador y la disposición de una métrica más o menos clara que deja atrás a las auto proclamaciones como ciudades inteligentes. Estas comparaciones pueden convertirse en guías útiles para que las ciudades conozcan sus fortalezas y debilidades, permitiendo desarrollar una estrategia fiables con objetivos reales y medibles. Sin embargo, en muchos casos la atención solamente se centra en la posición ocupada o quien copa los primeros puestos, descuidando totalmente los métodos e indicadores utilizados, o su propósito y eficacia real para la puesta en marcha de una estrategia de Smart City.

En principio, el concepto de comparar ciudades utilizando ciertos criterios es una práctica bien conocida en la investigación urbana. Como consecuencia de los fuertes cambios económicos y tecnológicos de las últimas décadas, las ciudades se enfrentan a una mayor competencia para atraer actividades económicas de alto nivel, lo que empuja a que estas tengan una mayor necesidad de diferenciación y de aportar valor, y el ámbito de las Smart Cities es un excelente terreno de juego en el que competir. Los rankings de ciudades inteligentes son por tanto una consecuencia de esta competitividad urbana, constituyéndose en plataformas muy interesantes tanto desde el punto de vista político como para llamar la atención a los medios de comunicación. Además, la publicación de una nueva clasificación suele estimular un amplio debate sobre las estrategias de desarrollo regional, fomentando la comunicación y haciendo que los agentes regionales se vean obligados a hacer que sus decisiones sean transparentes y comprensibles.

En en lado negativo, se encuentran aquellos problemas relacionados con los efectos derivados de lo que podríamos denominar como “concursos de belleza”. La atención del público se centra principalmente en la clasificación final sin tener en cuenta los aspectos metodológicos que subyacen a los listados, haciendo que se conformen estereotipos y clichés. Esto genera rankings muy generalistas, de fácil consumo, donde se premian aquellas cuestiones que resultan más atractivas o sean más fáciles de explicar al público.

En definitiva, se tratan de herramientas que pueden ser muy útiles, si se les dota del rigor y la exigencia necesaria, para que sean realmente impulsores de modelos reales y certeros de ciudades inteligentes. A continuación, vamos a ver algunos de los principales rankings que se han constituido.

Una de las métricas de evaluación más populares y que se utiliza como referencia es el sistema de clasificación puesta en marcha por la Universidad de Viena para la clasificación de ciudades medias europeas (8). Esta métrica utilizaba indicadores específicos para cada una de las seis dimensiones identificadas en su definición de una ciudad inteligente: economía, personas, movilidad, medioambiente, vida y gobernanza. El método propuesto por Giffinger estaría formado por tanto por 6 características, 31 factores y 74 indicadores.

El Foro de las Comunidades Inteligentes (Intelligent Community Forum – ICF) ha elaborado otro sistema de evaluación por el que se anuncia de forma anual las ciudades premiadas en su “Intelligent Community Awards”. Este sistema de medición se basa en cinco factores: la conectividad de banda ancha, una fuerza de trabajo bien informada, la inclusión digital, la innovación y la comercialización y finalmente la promoción.

Zygiaris (2013) desarrolló un sistema de medición, identificando seis capas de una ciudad inteligente: la capa de ciudad, en la que se destaca que las nociones de ciudad inteligente deben basarse en el contexto de una ciudad; la capa de ciudad verde, inspirada en las nuevas teorías de urbanización de la sostenibilidad ambiental urbana; la capa de interconexión, que responde a la difusión en toda la ciudad de las economías verde; la capa de instrumentación, en la que se destaca que las ciudades inteligentes deberían comunicarse y compartir datos, contenidos, servicios e información; la capa de aplicación, útil para que las ciudades inteligentes reflejen las operaciones de la ciudad en tiempo real en nuevos niveles de operación con respuesta inteligente; y la capa de innovación, que pone de relieve que las ciudades inteligentes crean un entorno fértil de innovación para nuevas oportunidades de negocio (10).

Lazaroiu y Roscia (2012) propusieron una metodología para evaluar el “índice de ciudades inteligentes”. El índice ayudó a la distribución de los fondos europeos en el plan estratégico de 2020. Los indicadores que contribuyeron a este índice no son homogéneos y requieren una gran cantidad de información. El problema de la disponibilidad de información y la dificultad de asignar pesos para sumar los indicadores considerados se encuentran entre los límites de este método. El enfoque propuesto utiliza un procedimiento difuso que permite definir un conjunto de ponderaciones para combinar los diferentes indicadores en función de su importancia relativa (11).

Recientemente se ha publicado el primer IMD Smart City Index 2019 (SCI), promovido por el IMD World Competitiveness Center y la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur (SUTD) (12) y en el que se analizan 102 ciudades de todo el mundo. Se trata del único índice mundial de este tipo, ya que se centra exclusivamente en la forma en que los ciudadanos perciben los esfuerzos que se están haciendo para hacer que sus ciudades sean inteligentes, equilibrando los aspectos económicos y tecnológicos con una dimensión más humana.

Su metodología se basa en la percepción de una muestra de 120 residentes de cada ciudad analizada, basada en dos pilares: las infraestructuras existentes en la ciudad y la tecnología en referencia a los servicios tecnológicos disponibles para los habitantes. Cada uno de estos pilares es analizado en 5 áreas: salud y seguridad, movilidad, actividades, oportunidades y gobernanza. Las ciudades son distribuidas en cuatro grupos basadas en su puntuación en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (IDH). Dentro de cada grupo del IDH, a las ciudades se les asigna una “escala de calificación” (AAA a D) basada en la puntuación de las percepciones de una ciudad determinada en comparación con las puntuaciones de todas las demás ciudades del mismo grupo. Finalmente los rankings se presentan en dos formatos: una clasificación general (1 a 102) y una calificación para cada pilar en general.

En España han surgido varias iniciativas. Una de las más prestigiosas es el Índice IESE Cities in Motion (ICIM), promovido por la escuela de negocios IESE de la Universidad de Navarra y que cuenta ya con seis ediciones (13). “Se trata de ofrecer un índice objetivo, amplio, de gran cobertura y guiado por los criterios de relevancia conceptual y rigor estadístico”, señalan en el prólogo de su última edición. En el mismo se incluyen 96 indicadores que reflejan tanto datos objetivos como subjetivos y que ofrecen una visión amplia de cada urbe. Estos indicadores se agrupan en 8 categorías: capital humano, cohesión social, economía, gobernanza, medioambiente, movilidad y transporte, planificación urbana, proyección internacional. Además, se cubren un total de 174 ciudades, de las cuales 79 son capitales, y que representan a 80 países. ). La amplitud y el alcance del ICIM hacen que sea uno de los índices de ciudades con mayor cobertura geográfica existentes en la actualidad.

En noviembre de 2019 se publicó el “Indice Smart”, un ranking en el que solo se valoran las ciudades españolas. El estudio , promovido por IdenCity, consultora especializada en el asesoramiento de ciudades, junto a las principales compañías «smart» del país, surge como una herramienta de referencia para que las urbes localicen nuevas oportunidades y se configuren como metrópolis prósperas, sostenibles, inclusivas y plenamente inteligentes. La primera edición del Índice Smart detecta el nivel de desarrollo inteligente de las 52 capitales de provincia españolas, así como de la ciudad de Sant Cugat del Vallès en Barcelona. La publicación, que se compone de 110 indicadores agrupados en 17 categorías y 5 dimensiones, permite visualizar el rendimiento smart de las ciudades inteligentes e identificar, así, los sectores clave en los que priorizar la inversión y la acción pública. Las dimensiones son las siguientes: Sociedad inteligente, Economía Inteligente, Sostenibilidad y medioambiente, Gobernanza e Infraestructuras y servicios de movilidad.

Identificando arquetipos de ciudades inteligentes

Un equipo internacional de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State) (14) , ha realizado una análisis comparativo de “ciudades inteligentes” de todo el mundo, donde se llega a la conclusión que se pueden categorizar las smart cities en cuatro tipos.

El equipo realizó un análisis comparativo de 60 planes municipales de ciudades inteligentes en todo el mundo con el objetivo de enumerar las políticas y programas específicos que se engloban bajo la rúbrica general de iniciativas de “ciudades inteligentes”. Se trata por tanto de un estudio exploratorio para investigar cómo los gobiernos municipales han formulado sus planes de ciudades inteligentes, identificando las combinaciones de proyectos que más a menudo se despliegan de forma conjunta, para definir finalmente “arquetipos” o “modelos” en el desarrollo de ciudades inteligentes.

Esta clasificación puede proporcionar información muy valiosa tanto a planificadores como empresas, así como a las propias ciudades a la hora de implementar sus propios planes, identificando en estos cuatro modelos el modelo de ciudad que mejor se adapte a sus circunstancias socioeconómicos.

Analizando desarrollos reales de ciudades inteligentes

A diferencia de los investigadores y la literatura científica que construyen modelos teóricos de desarrollo de ciudades inteligentes, los planificadores y gestores de las ciudades están más motivados por los problemas prácticos a los que se enfrentan las zonas urbanas y sus residentes. Las necesidades más demandadas de la población y las empresas, limitaciones presupuestarias o las posibilidades de desarrollo tecnológico o integración de TICs, son las principales motivaciones con los que se cuentan para el desarrollo de los planes, haciendo que las ciudades adopten diferentes estrategias para hacerlas “inteligentes”. Un análisis de los planes reales de ciudades inteligentes es por tanto una herramienta muy útil para poder comparar y ofrecer una mejor orientación de qué tipo de planificación puede ser más exitosa para las necesidades y tipo de ciudad.

Del análisis comparativa de 60 planes municipales de ciudades inteligentes en todo el mundo, la investigación identificó los siguientes modelos de implementación y en definitiva 4 tipos principales de ciudades inteligentes.

1. Modelo de servicios esenciales

Las ciudades del grupo Modelo de Servicios Esenciales se caracterizan por el uso de redes móviles en sus programas de gestión de emergencias y por sus servicios de salud digitales. Estas ciudades, que pueden tener ya buenas infraestructuras de comunicaciones, prefieren poner su dinero en unos pocos programas de ciudades inteligentes bien elegidos. Algunos ejemplos son Tokio y Copenhague.

2. Modelo de transporte inteligente

Las ciudades del Modelo de Transporte Inteligente abarcan aquellas que están densamente pobladas y se enfrentan a problemas de movimiento de bienes y personas dentro de la ciudad. Las ciudades de este grupo enfatizan las iniciativas para controlar la congestión urbana – a través del transporte público inteligente, el coche compartido y/o los coches auto-conductores – así como el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Singapur y Dubai están incluidas en este grupo.

3. Modelo de amplio espectro

Las ciudades incluidas en el Modelo de Amplio Espectro hacen hincapié en los servicios urbanos, como el agua, el alcantarillado y la gestión de residuos, y buscan soluciones tecnológicas para el control de la contaminación. También se caracterizan por un alto nivel de participación cívica. Se trata del grupo más amplio y algunos ejemplos son las ciudades de Barcelona, Vancouver, Beijing, Londres.

4. Modelo de Ecosistema Empresarial

El Modelo de Ecosistemas Empresariales trata de utilizar el potencial de las tecnologías de la información y las comunicaciones para impulsar la actividad económica de la ciudad. Incluye centros urbanos que prestan especial atención al desarrollo económico, centrándose en cuestiones como la capacitación en aptitudes digitales como acompañamiento necesario para crear una fuerza de trabajo preparada y tienen como objetivo fomentar los negocios de alta tecnología. Ámsterdam, Edimburgo y Ciudad del Cabo son ejemplos de ello.

Referencias

  1. “Smart Cities: Definitions, Dimensions, Performance, and Initiatives”, 2015. Vito Albino, Umberto Berardi & Rosa Maria Dangelico.
  2. “Smart Cities: a spatialized intelligence”, 2015. Picon, A. West Sussex, United Kingdom: John Wiley.
  3. “Conceptualizing smartness in government: An integrative and multi-dimensional view. Government Information”, 2016. Gil-Garcia, J. R., Zhang, J., & Puron-Cid, G.
  4. “Conceptualising smart city with dimensions of technology, people, and institutions”, 2011. Nam, T., & Pardo, T.
  5. “Understanding Smart Cities: An Integrative Framework”, 2012. H. Chourabi et all.
  6. “Foundations for Smarter Cities,” IBM Journal of Research and Development” , 2010. C. Harrison, B. Eckman, R. Hamilton, P. Hartswick, J. Kalagnanam, J. Paraszczak, and P. Williams.
  7. “Intelligent Cities: Variable Geometries of Spatial Intelligence”, 2011. N. Komninos.
  8. “Smart cities ranking: an effective instrument for the positioning of cities?”, 2010. Giffinger y otros.
  9. «Understanding smart cities as a glocal strategy: A comparison between Italy and China«, 2019. Renata Paola Dameria, Clara Benevolo, Eleonora Veglianti, Yaya Li.
  10. “Smart City Reference Model: Assisting Planners to Conceptualize the Building of Smart City Innovation Ecosystems”, 2013. S. Zygiaris.
  11. “Definition Methodology for the Smart Cities Model”, 2012. G.C. Lazaroiu y M. Roscia.
  12. “IMD Smart City Index 2019”. IMD World Competitiveness Center’s Smart City Observatory.
  13. “Índice IESE Cities in Motion”, 2019. IESE Business School.
  14. “Identifying smart city archetypes from the bottom up: A content analysis of municipal plans”, 2019. Zhiwei Tanga, Krishna Jayakar, Xiaodong Fenga, Huiping Zhang, Rachel X.Peng.
  15. “Searching for Smart City definition: a comprehensive proposal”, 2013. Renata Paola Dameri.
  16. “Making cities smart and sustainable”, 2015. PwC.
  17. “Will the Real Smart City Please Stand Up?” City: Analysis of Urban Trends, Culture”, 2018. R.G. Hollands.
  18. “Smart City Ranking Reliability Analysis”, 2018. Fangyao Liu ; Yong Shi ; Zhengxin Chen.
  19. “The impact of standardisation method of smart city ranking”, 2020. Adam SOJDA, Maciej WOLNY.

Autor: José Enrique Álvarez Menéndez

Director Editorial y de Tecnología de smartlighting

Este artículo aparece en el nº6 de SMLmagazine dedicado a la «CONECTIVIDAD»